¿Por qué no hay huracanes en el Atlántico? Temporada 2026 rompe récord histórico
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¿Por qué no hay huracanes en el Atlántico? Temporada 2026 rompe récord histórico

miércoles, 16 de septiembre de 2026

La temporada de huracanes del Atlántico de 2026 atraviesa un comportamiento inusual, hasta el 11 de septiembre, ningún ciclón tropical había conseguido alcanzar la categoría de huracán, estableciendo la espera más prolongada para el primero de la temporada durante la era de registros satelitales confiables.

El dato resulta especialmente significativo porque el 10 de septiembre marca estadísticamente el punto máximo de actividad ciclónica en el Atlántico. Para entonces, la temporada apenas había producido cinco tormentas tropicales y ninguna había logrado intensificarse hasta convertirse en huracán.

Anteriormente, algunos de los primeros huracanes más tardíos se habían registrado alrededor del 11 de septiembre, por lo que la temporada de 2026 se colocó entre las más atípicas de las últimas décadas.

Entre los sistemas que lograron desarrollarse este año, Edouard fue uno de los que más se acercó a alcanzar fuerza de huracán, aunque sus vientos sostenidos permanecieron por debajo del umbral necesario antes de tocar tierra entre Texas y Luisiana.

¿Por qué no se han formado huracanes?

Una de las principales explicaciones está relacionada con las condiciones atmosféricas que han dificultado que las tormentas tropicales puedan organizarse y fortalecerse.

Especialistas han señalado la influencia de El Niño, fenómeno caracterizado por un calentamiento anormal de las aguas del Pacífico tropical. Sus efectos pueden incrementar la cizalladura del viento sobre el Atlántico, generando cambios en la velocidad y dirección de los vientos a diferentes alturas.

Esta condición puede impedir que las tormentas mantengan una estructura organizada durante suficiente tiempo para alcanzar mayor intensidad.

Durante 2026, la cizalladura en la principal región de desarrollo ciclónico del Atlántico, comprendida entre África y el Caribe, habría alcanzado niveles excepcionalmente elevados.

El polvo del Sahara frena el desarrollo de tormentas

A las condiciones provocadas por El Niño se suma la presencia de polvo proveniente del Sahara, que transporta aire seco sobre el Atlántico y puede limitar todavía más el desarrollo de sistemas tropicales.

La combinación de ambos factores ha creado condiciones poco favorables para los ciclones. Un ejemplo fue la tormenta tropical Dolly, que se formó a finales de agosto pero perdió organización aproximadamente un día después.

El comportamiento observado durante los primeros meses de la temporada coincide parcialmente con las previsiones que apuntaban a una actividad menor a la habitual. Antes de su inicio, los pronósticos contemplaban un escenario con menos sistemas tropicales debido, entre otros factores, a las condiciones atmosféricas previstas.

Aunque hasta mediados de septiembre la actividad ha sido considerablemente limitada, los especialistas advierten que la temporada todavía no ha terminado. Oficialmente, la temporada de huracanes del Atlántico se extiende hasta el 30 de noviembre.

Una baja cantidad de ciclones tampoco significa necesariamente que el riesgo sea menor para las zonas costeras. El ejemplo histórico más conocido es Andrew, que alcanzó categoría 5 y golpeó el sur de Florida en 1992 pese a que aquella temporada produjo relativamente pocas tormentas.

Además, durante la parte final de la temporada pueden desarrollarse sistemas más cerca del Caribe, el Golfo de México y las costas de Estados Unidos, reduciendo en algunos casos el tiempo disponible para prepararse ante un posible impacto.

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