Luego de completar con éxito su misión alrededor de la Luna, la tripulación de Artemis II inició un riguroso proceso de recuperación tras su amerizaje en el océano Pacífico. Tras ser rescatados y trasladados al buque USS John P. Murtha, los astronautas fueron sometidos a evaluaciones médicas inmediatas para detectar efectos del regreso a la gravedad, como mareos, vértigo y alteraciones en la presión arterial, derivadas de su estancia en microgravedad.
Fue un regreso "triunfal" para los tripulantes de la cápsula Orión, cuyo sobrevuelo lugar dio a conocer extensas franjas de la cara oculta de la Luna y un eclipse total de Sol.
Uno por uno fueron saliendo de la cápsula, la cual descendía en piloto automático. Koch, Hansen, Wisman y Glover entraron a la atmósfera a una velocidad de Mach 33, en otras palabras, 33 veces la velocidad del sonido, una marcha no registrada desde los viajes lunares Apolo de la National Aeronautics and Space Administration (NASA) en los años 60 y 70.
La tensión aumentaba en el Control de Misión a medida que la cápsula quedaba envuelta en plasma al rojo vivo durante el punto de máxima temperatura y las comunicaciones se interrumpían, algo previsto.
Todas las miradas estaban puestas en el escudo térmico de la cápsula, que protege la vida de los astronautas y debe soportar miles de grados de calor en el reingreso. En el único vuelo de prueba de la nave, hecho sin tripulación en 2022, el exterior chamuscado del escudo regresó a la Tierra con un aspecto parecido al de los cráteres de la Luna.
Al igual que tantos otros, el director principal de vuelo, Jeff Radigan, estaba preparado para sentir algo de ese “miedo irracional que forma parte de la naturaleza humana”, de forma especial durante los seis minutos en que se interrumpieron las comunicaciones, antes de la apertura de los paracaídas. El buque de recuperación USS John P. Murtha aguardaba la llegada de la tripulación frente a la costa de San Diego, junto con un escuadrón de aviones y helicópteros militares.
Las familias de los astronautas se apiñaron en la sala de observación del Control de Misión, donde estallaron vítores cuando la cápsula salió de la interrupción de comunicaciones y de nuevo al amerizar.
