La Asamblea General de la ONU en 2005 proclamó al 4 de abril como el Día Internacional de información sobre el peligro de las minas y de asistencia para las actividades relativas a las minas. De acuerdo con la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, el objetivo principal es visibilizar las graves consecuencias que las minas tienen en la vida, la salud y la seguridad de millones de personas, además de fomentar el apoyo a las víctimas y el compromiso internacional para erradicarlas.
Las minas terrestres no distinguen entre soldados y civiles; según información de la Organización de las Naciones Unidas, estos artefactos causan miles de muertes y lesiones cada año, incluso décadas después de haber sido colocados. Niñas, niños y comunidades enteras viven bajo el riesgo constante, lo que convierte a este problema en una crisis humanitaria silenciosa.
La Comisión Nacional de los Derechos Humanos señala que estos artefactos bloquean caminos, impiden que niñas y niños asistan a la escuela y dificultan que agricultores trabajen la tierra, lo que limita los medios de subsistencia. Esta situación frena la recuperación de regiones afectadas por conflictos y obstaculiza la llegada de ayuda humanitaria, lo que perpetúa ciclos de pobreza y vulnerabilidad en distintas partes del mundo.
Organismos como el Servicio de las Naciones Unidas de Actividades Relativas a las Minas trabajan en la localización y eliminación de estos explosivos, así como en la educación sobre sus riesgos. Además, tratados internacionales como la Convención sobre la prohibición de minas antipersonal buscan establecer un marco legal que limite su uso y promueva su erradicación.
La información y la sensibilización permiten que más personas comprendan la magnitud del problema y se sumen a los esfuerzos por erradicarlo. En ese sentido, la conmemoración del 4 de abril se mantiene como una oportunidad para reflexionar sobre la importancia de la paz, la seguridad y los derechos humanos en todas las regiones del planeta.
