Sarah Mullally fue entronizada como la primera mujer al frente de la Iglesia de Inglaterra, marcando un hecho histórico tras más de un centenar de líderes hombres. La ceremonia se realizó en la catedral de Canterbury ante unas 2 mil personas, entre ellas el primer ministro Keir Starmer y el príncipe Guillermo, príncipe de Gales. Mullally, de 63 años, asumió el cargo tras la salida de Justin Welby, quien renunció en 2024.
La nueva líder anglicana, exenfermera y madre de familia, se comprometió a servir a la Iglesia y promover la unidad, en medio de divisiones internas dentro de la comunión anglicana. Su nombramiento ocurre años después de que se autorizara a las mujeres acceder al episcopado y tras haber sido la primera obispa de Londres en 2018, aunque su llegada también ha generado críticas en sectores conservadores, especialmente en África.
