Cada año, conforme se acerca el 21 de marzo, las redes sociales y las calles se llenan de ramos de flores amarillas que se convierten en uno de los detalles más buscados de la temporada. La razón es una mezcla de simbolismo cultural y fenómenos de internet.
En México y otros países del hemisferio norte, esta fecha coincide con el inicio de la primavera, estación que representa el renacer de la naturaleza, los nuevos comienzos y la llegada de días más cálidos. Por esa razón, regalar flores de color amarillo se interpreta como un gesto que transmite alegría, optimismo y buenos deseos para quien las recibe.
La costumbre se popularizó gracias a la telenovela argentina "Floricienta", emitida a mediados de la década de 2000. En la historia, la protagonista soñaba con que su gran amor le regalara flores amarillas como símbolo de un amor verdadero y duradero. La canción “Flores amarillas”, que forma parte del musical de la serie, reforzó ese mensaje romántico y con el paso del tiempo inspiró a miles de fans a replicar el gesto en la vida real.
Con el auge de las redes sociales, especialmente plataformas como TikTok, la tradición revivió y se extendió por toda América Latina.
El color amarillo es relacionado en flores con la energía, la felicidad y la esperanza, elementos que encajan perfectamente con la llegada de la primavera. Por ello, muchas personas también regalan flores amarillas a amigos o familiares como un gesto de afecto.
En lugares del hemisferio sur la tradición suele celebrarse el 21 de septiembre, cuando comienza la misma estación en esa parte del mundo. Esta coincidencia reforzó la idea de regalar flores como símbolo de nuevos comienzos y emociones positivas.
El inicio de esta estación está ligado a la mitología, momento en que la diosa Deméter y su hija Perséfone se reúnen, terminando con la tristeza de la diosa de la agricultura, lo que da origen a que flores y cultivos vuelvan a crecer y, asimismo, Perséfone es reconocida como diosa de la primavera.
El mito cuenta que Hades, dios del inframundo, raptó a su sobrina Perséfone para hacerla su reina. En una jugarreta por parte del dios, la diosa comió semillas de granada, sin saber que todo aquel que ingiera comida del inframundo debe quedarse ahí.
Al final, se llegó al acuerdo de qué Perséfone permanecería en el inframundo el tiempo correspondiente a la cantidad de semillas que consumió, y regresaría a la superficie la otra mitad del año. De este modo, cuando Deméter se despide de su hija se pone tan triste que la vegetación se seca, dando lugar al otoño e invierno, hasta su regreso, cuando todo vuelve a florecer durante la primavera y el verano.
