En lo que algunos países aún se están preparando para terminar el 2025, otros ya han dado el primer paso para el 2026, dando inicio a sus primeras celebraciones en territorios como Kiribati y Samoa, seguidas por Nueva Zelanda, Australia y Japón. Las festividades, acompañadas por fuegos artificiales, han tenido como ejemplos a las ciudades de Sídney y Melbourne, las cuales, antes de iniciar el nuevo año, realizaron un minuto de silencio en memoria de los afectados de la playa de Bondi.
En contraste, naciones como China y Corea del Sur no celebran el Año Nuevo conforme al calendario gregoriano, sino que se rigen por el calendario lunar, una tradición milenaria con raíces en la antigua Babilonia y que más tarde fue reformada durante el Imperio Romano por Julio César, quien estableció el primero de enero como el inicio del año en gran parte del mundo occidental.
A pesar de las diferencias culturales y de calendario, el significado del Año Nuevo mantiene un hilo común entre diversas regiones: la esperanza de renovación, prosperidad y nuevos comienzos. Tradiciones como el consumo de uvas a la medianoche, símbolo de abundancia y buena fortuna, se repiten en distintos países como una forma de atraer buenos augurios para el año que inicia, reflejando cómo, pese a la diversidad, la llegada de un nuevo año une a millones de personas alrededor del mundo.
